¿Cómo será la capacitación del futuro?

Pensar escenarios futuros puede ser una interesante forma de generar preguntas que nos permitan “ver” con nuevos ojos nuestras prácticas de capacitación en el presente.

En la película “Matrix” cuando es necesario aprender, por ejemplo a pilotear un helicóptero, simplemente alguien carga el programa correspondiente (tal vez llamado “Como manejar aparatos voladores”) en la mente la persona y listo: ya se sabe como volar el aparato…

Claro, esto ocurre en una película. Bueno, veamos un ejemplo de la vida real. Seguramente somos pocos los que recordamos que en los años ochenta se encontraban disponibles cursos de idiomas cuyo método de aprendizaje consistía en escuchar las clases durante la noche, mientras el estudiante dormía. Aún hoy estos cursos están disponibles bajo el nombre de Sleeplearning y han incorporado más opciones como futbol, relajación y fitness. Sus creadores prometen que al levantarse a la mañana siguiente tendremos más conocimiento del tema elegido. Por suerte todavía no tienen cursos para pilotar helicópteros…

En ambas situaciones (y en casi la mayoría de las que se encuentran en la literatura y el cine de ciencia ficción) el aprendiz no requiere ningún esfuerzo para dominar el conocimiento y la habilidad deseada. El aprender es casi “milagroso”.

En las organizaciones modernas todavía no se utilizan los programas de “Matrix”, ni los audios de sleeplearning. Sin embargo muchas de ellas tienen sistemas para conocer las necesidades de capacitación de sus colaboradores, organizar distintas actividades para cubrirlas, construir y distribuir el conocimiento.

Algunas empresas ya han incorporado nuevas tecnologías educativas (como el e-learning o el blended learning) que posibilitan diseñar contenidos para ser puestos en redes informáticas internas, externas, interactivas y multimediales. De este modo los empleados pueden solicitar cursos a través de sus computadoras personales, tomarlos en donde y con quién prefieran. La evaluación del aprendizaje es constante y la información de la aplicación se mide con diferentes herramientas. El aprendizaje es más fácil. Pero todavía requiere bastante esfuerzo y motivación.

No obstante, también existen compañías, grandes o pequeñas, que restringen controlan y aún prohíben el acceso a Internet de sus ejecutivos y empleados. Ni hablar de como detectan sus necesidades de formación y capacitación. Mucho menos de la inversión que hacen en gestionar sus conocimientos o entrenar a  sus colaboradores.

Admitámoslo, en nuestro presente hay empresas que operan en el pasado y otras en el futuro. Lamentablemente, estás últimas son las menos. Si enfocamos esta afirmación con las ideas de Alvin Toffler, de su libro el “Shock del futuro”, vemos que el 70 % de la población mundial son gente que vive en el pasado, el 25 % en el presente y solo el 5% ya están en el futuro. ¿Su empresa en que grupo está?

Parece, entonces, que la gran revolución de la capacitación está en el desarrollo de tecnologías que concentran conocimientos en un sistema que posibilita hacerlos disponibles en múltiples formatos a personas que poseen “artefactos inteligentes”.

El futuro está aquí y ahora. Solo tenemos qué imaginar que tan pequeños, poderosos, amigables, rápidos, multifuncionales y  baratos pueden ser estos “artefactos”. Y también que tan robotizada estará nuestra vida, que tan interconectada, poderosa e intangible será la “Matrix”; esa red a la que algunos ya estamos subidos para realizar compras, divertirnos, viajar y por supuesto trabajar.

También podemos imaginar como será tener un chip bajo la piel que nos permita enviar información recibida de Internet a nuestras neuronas. ¿Imposible? Sólo basta pensar en los experimentos de la biotecnología con ojos, corazones, piernas y manos artificiales pero controladas por nuestro cerebro.

Pensemos como sería una compañía donde las necesidades de capacitación se detecten al instante a través de chips interconectados a un sistema robotizado de formación que organice actividades virtuales o reales con grupos reducidos solo para complementar la experiencia y el conocimiento adquiridos durante la noche.

Y es en este punto donde se empieza a vislumbrar que la capacitación del futuro tendrá la tarea fundamental de encarar la búsqueda de más y mejores relaciones e intercambios cara a cara. Pues en un mundo donde parece que todo puede traducirse a un código binario, que todo es posible en materia tecnológica y el asombro es cada vez más raro, los sentimientos aún se escapan a esas formas y buscan una reunión como espacio de contención, de acompañamiento.

El gran problema del e-learning, es justamente como disfrazar la distancia. Los medios tecnológicos no son otra cosa que intentos para acercar a quienes aprenden entre sí. Si se me permite, son formas de combatir la soledad.

La historia nos muestra que más allá de los avances que se han realizado en materia tecnológica por hacer a la Capacitación más eficaz, los humanos necesitamos de nuestros pares para aprender. Ya sea en espacios formales o informales, siempre aprendemos con otros. ¿O acaso un bebe puede aprender  solo a vivir en este mundo?

Más allá de sí cargamos programas en el cerebro o dormimos escuchando cursos de chino, la capacitación del futuro, no será la que tenga mejores herramientas tecnológicas, mayor virtualidad, más contenidos, más velocidad y más intercambios. Pues eso lo tendrán todos. La mejor capacitación del futuro deberá (y no está mal que la del presente también lo haga):

  • Comprender nuestras necesidades como profesionales y personas de manera estratégica
  • Brindar herramientas de pensamiento para categorizar y ordenar la masividad de los intercambios virtuales
  • Analizar críticamente las virtudes y defectos de las construcciones colectivas
  • Propiciar más encuentros cara a cara que nos permitan aprender haciendo
  • Otorgar libertad para crear, imaginar y solucionar los problemas de manera diferente
  • Mantener el justo equilibrio entre la virtualidad tecnológica y la dinámica presencial
  • Formar en cómo construir buenas respuestas en base a hacer buenas preguntas

Presentadas estas ideas, les queda ahora a ustedes la tarea de continuar pensando y para luego compartir las preguntas que aparezcan sobre la capacitación de futuro. Y sobre todo sobre la formación en el  presente, que es donde día a día trabajamos.

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